sábado, 13 de septiembre de 2014

Todo acaba siendo costumbre.

Me siento en el sofá, como todos los días, pensando en lo mismo.Lo sé, hace tiempo que ocurrió pero todavía sigo recordándolo día a día.
Aunque creo que ella no se sigue acordando de mí, y tampoco la culpo, es normal, pero yo la recuerdo como si nunca se hubiese ido. Y siempre sigo recordando lo mismo, parezco masoca, torturandome como el primer día que ocurrió, llorando cada vez que me siento en este sofá. Como estúpida, sin pensar en nada más. A veces pienso que no lo he superado, pero yo creo que ha pasado demasiado tiempo como para no haberlo hecho. 25 años ni más ni menos. Los mejores años de mi vida les pasé con ella.
Pero... tú no sabes lo que es despedirla en un aeropuerto, sabiendo que no la volverás a ver. Que lo único que te queda es su número de teléfono en la agenda y la cara de estúpida viéndola pasar una línea invisible que no me permite acercarme más a ella, con las maletas en la mano y con cientos de surcos que han dejado sus lágrimas al pasar por sus mejillas. Con una sonrisa levanta la mano, sonríe y me regala las palabras más bonitas que una persona te puede regalar: un TE QUIERO.
Después de su ida a otro continente, ya estaba planeando ahorrar para un viaje a su nuevo destino, pero era demasiado caro, y me costaría más de dos años. Así que empecé desde el mismo día que se fue a acumular dinero en un bote. Al año recolecté la mitad del dinero, como planeé, dos años justos para tener suficiente. Solamente faltaba una semana a que me dieran mi salario mensual, y así poder realizar una visita sorpresa. Estaba ansiando a que pasaran esos 7 días. Ya tenía reservado el billete de avión y me faltaba concretar el hotel.
Una semana más tarde, cobré, y nada más agarrar el dinero corrí hacía el aereopuerto. Despegamos.
Estaba en el avión, me sudaban hasta las uñas, y creo que el acompañante que tenía al lado lo notó, a sí que entablamos una conversación. A mitad del trayecto, mi móvil comenzó a sonar. Era ella. Contesté con una sonrisa más amplia de lo que la ponía normalmente cuando hablabamos. Pero de repente, esa sonrisa se borró de mi cara.
Me llamó su novio, al que conoció en su universidad, llevaban saliendo año y medio, y lo por lo que ella me contaba era encantador. Bien, pues él fue el que me llamó.
Dijo que me llamaba él dado que ella no se atrevía a contarme lo que la ocurría. Me dijo que desde hacía 2 meses la habían detectado un gran tumor en el pulmón, dado que ella era una gran fumadora, y que al estar tan avanzado, la única solución era operar, de no ser así moriría en menos de 6 meses. Cada vez que iba avanzando con aquella historia que me contaba, menos me veía con capacidad para escucharla. Contó que ella no se quiso operar, porque los médicos la dijeron que la operación sería muy grave y que habría muy pocas posibilidades de que saliera con vida, pero que también lo hizo por otra razón, porque de alguna manera, sentía que me traicionaba a mí. Cuando me dijo esto, pensé que renunció a parte de su vida, por mí. El chico estaba llorando desde que empezó con aquella historia. Yo me quedé completamente en blanco, no me salían las lágrimas, no podía pensar. Pero si que sentía como mi vida iba careciendo de sentido alguno. Antes de que pudiera acabar el móvil ya se me había caido al suelo del avión.
Al aterrizar, lo primero que hice, fue ir al hospital, aún sabiendo que ella no estaría allí. Estuve dos días durmiendo afuera del hospital. Al 3º día vi como ella, ya sin pelo y sin energías, se dirgía a la puerta apoyandóse en su pareja. No podía levantarme, había una fuerza sobrenatural que lo impedía. De repente, no sé cómo, pude levantarme, y correr hacia ella. Parece ser que ya las lágrimas podían correr por mis ojos, puesto que lo veía todo un poco más difuminado. Su abrazo fue frío, se notaba que ya no tenía fuerzas para seguir adelante. Nos dimos nuestro tiempo, hasta que su novio nos dijo que iba a llegar tarde a la cita. Me ofrecí para entrar con ella a la pequeña sala.
El doctor la dijo que sería la última vez que le preguntaba. Yo no sabía a que pregunta se refería aunque me hacía una idea, aunque para asegurarme, les interrumpí.
Y había acertado. Era la última opción que tenía de sobrevivir, de tener la última oportunidad de vivir. Pues bien, ella la rechazó como siempre. Me quedé anonadada. A sí que volví a interrumpir, y la cojí del hombro, me dirigí al médico y le dije que sí, que ella estaba decidida, y que está muy orgullosa de vencer a su miedo. Ella se me quedó mirando, luego me sonrío y finalmente asintió. A sí que el médico la ingresó al momento. Y la fecha para operarla sería dos días más tarde, para hacerla los analisís antes de la opración. Esos dos días su novio y yo no nos despegamos de ella. La verdad es que ella no estaba muy nerviosa, se la veía feliz.Ya casi no podía ni vocalizar, era muy triste verla en esa camilla postrada como un vegetal, y sí, cada vez que ella se dormía su pareja y yo llorabamos, sabiendo que podría ser la última vez que la vieramos con vida.
Pasaron los dos días, y cuando su novio se fue a casa a arreglarse me quedé con ella. Me cojió de la mano y como pudo me habló. Me dijó que la única razón por la que se iba a operar era yo, que lo hacía porque yo lo quería, y que la he dado las fuerzas que perdió para salir adelante. La ví que las lágrimas que intentaba evitar que salieran, salieron. Yo que tampoco pude hacer nada por reprimirlas, la acompañé. La dije que la quería muchísimo, y ella me contesto que ella más. Sabía perfectamente que eso era verdad, así que no se lo discutí.
La pasaron al quirófano, y después de varias horas interminables, de tilas incontables, y de abrazos necesarios. La perdimos. Pareció ser que no la di las fuerzas necesarias. Su novio falleció de un ataque cardiaco, y yo soy la única que sobreviví a ese trance, aunque no creo que se le pueda llamar supervivencia, porque después de todo este tiempo, sigo aqui, sentada en el mismo sofá en el que me he estado sentando todos los días, a la misma hora, durante 25 años.

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