lunes, 5 de septiembre de 2011

Perfectamente imperfecto.


Imagina que por un momento te falta uno de tus sentidos.
¿Cual sería el que menos te gustaría perder? ¿La vista? ¿El olfato?
Pues bien, el que más trauma me causaría que se me escapase sería el oído.
Sin oído, ¿ Cómo podría escuchar música? Sin duda es el peor para extraviar.
Se me escaparían todos los sonidos de mi alrededor, algo tan simple como el cantar de los pájaros, o simplemente los gritos de mi madre todas las mañanas. ¿Cómo me levantaría sin poder oír? Sin despertador al que escuchar, sin los típicos coches que pasan a media noche pitando por la calle. Sin las bellas melodías que me quedan por escuchar en toda mi vida. Sin escuchar los típicos piropos que te echan los chicos al pasar a su lado. Sin escuchar las explicaciones de los profesores.
Es increíble que cuando pierdes algo, es cuando empiezas a valorar todo lo que llevaba consigo.
Ahora imaginad, perder la vista. Estoy segura de que sería el segundo sentido más valioso que tengo. Aunque lo peor de todo es nacer ciego.
No saber de que color es el verde, ni siquiera el transparente. Sin poder saber que forma tiene un campo, o simplemente un reloj. Sin poder mirar por la ventana, y sin ver la lluvia caer desde lo más alto, para acabar en el suelo. Sin imaginarse si quiera de quien estás enamorado, acariciando su piel, pero sin saber de que color es. Mirando sus ojos pero sin poder verlos. Tocando su pelo, pero sin ver como lo azota el viento. Haciendole reír pero sin observar su sonrisa. Tener la sensación de que te está mirando, pero sin poder comprobarlo. Sin saber que color tiene los ojos, o imaginarse que color tiene el amor. Simplemente negro, todo negro.