Me despierto para volver a la rutina de siempre. Sino fuera por él lo dejaria todo en este mundo, pero ese es el motivo por el que sigo aqui.
Le veo tumbado al lado mio, sonriendo embobada ,siempre pierdo demasiado tiempo mirandole y pensando cuanto le quiero. Intento levantarme sin hacer ruido para no quitarle su sueño placentero.
Llego a casa tras limpiar todos los pisos en los que trabajo, y agotada hago la comida mientras que él está tumbado viendo la televisión. La hago lo mejor que puedo, pero en el estado de mi mano, no puedo hacer mucho.
Le llamo y él con el pijama todavía puesto viene y se sienta en la mesa, mientras yo le sirvo en el plato la comida. La primera palabra que me dirigió fue cuando probó la comida. La escupió y me gritó, me dijo que no sabe porque soy tan mala en hacer todo, que no hago nada bien. Yo me quedo en silencio mientras él va alzando la voz cada vez más. Se levanta de la mesa y tira el plato al suelo,después se acerca amí. Yo me protego con los brazos de esos golpes tan intensos que me da por todo el cuerpo. Me tira al suelo y cambia sus puños por las piernas, mientras yo lloro. Después de propinarme una paliza brutal me deja tirada en el suelo, con un charco de sangre rodeandome, se va al bar , y yo me trato de levantar como puedo. Me siento en la silla aún temblando. Cuando le conocí él era el hombre perfecto, pero ha cambiado, un día llegó a casa con unos amigos, y para hacerse el gracioso me empujó varias veces. Al parecer eso se convirtió en rutina, pero cada vez iba ascendiendo la fuerza, la última vez me rompió la mano, y nosé hasta donde llegará esto. Ahora estoy perdida y no sé lo que hacer. Cuando volvió se acercó amí, y yo temblando doy un paso para atrás. Él me dice que lo siente mucho, que no volverá a ocurrir y me abraza, yo como una estúpida le perdono. Ya no le tenía la misma confianza de antes, cada vez que se acercaba amí me entraban escalofrios. Ahora las heridas se están sanando y cicatrizando.
Pasaron 3 meses desde la paliza, y aunque no le tenía la misma confianza, ya no temblaba cada vez que se acercaba.
Ese día le tenía libre, quedamos para ir al parque después de que él saliera del bar. Le esperé. Cuando llegó vino de mal humor, y ya me empezó a chillar. Y es que había perdido su equipo de fútbol. Esta vez yo no me quede callada, y cuando fui a protestar me dio una torta en la cara. De la fuerza de ese impacto me caí para atrás. Aprovechando que estaba en suelo él se levantó y me propino varias patadas, una de ellas me dio en la cabeza y me dejó inconsciente. Se puso nervioso, y me envolvió con el mantel. Me cargó en el maletero del coche, pensando que había ya no tenía pulso, que me había quitado la vida, y lo más importante, que él pagaría por lo que hizo.
Cuando se alejó del parque varios kilómetros, se acercó al puente en el que comenzamos a salir, y con tal sangre fría me tiró al río donde nos besamos por primera vez. Todavía respirando, yo iba tragando agua, iba quedandome sin oxígeno y arrogándome lentamente.

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